Arturo:
Héctor
Azar conocía las descalificaciones de las que fue objeto con la creación de cada
CADAC. Las citó también en un breve artículo que aquí te comparto, con el fin
de que conozcas por él mismo las dificultades que vivió con la fundación de
estos espacios en México, promotores de la actividad teatral y forjadores de
artistas reconocidos.
Aquí el artículo:
CADAC*PUEBLA
por: HÉCTOR AZAR
Volver
a decir Cadac sin caer en el lugar común de la emoción compartida; contener la
fuerza de su palindroma —Cadac— y dejar al nombre propio pendiente lo mismo de
una nube que reposando en la infinitud de un escenario siempre lleno de gente
joven.
El
2 de febrero de 1975 se pronunció Cadac en voz alta por primera vez: en el aula
Ángel María Garibay que da al patio Rosario Castellanos de Cadac*Coyoacán, su
primer aposento, restaurada la sórdida ruina refugio de pícaros y malandrines
coyohuaques que tenían asolado el rumbo. Ese día, su fundador atropelló un
breve discurso rodeado de María del Carmen Millán, de Gloria Bravo Ahuja, de
Catalina Sierra, Amalia Hernández, Manolo Fábregas, López Mancera, Sergio
Bustamante, Carlos Ancira, Eloísa Gottdiener, María del Carmen Farías, Martha
Ofelia Galindo, Selma Beraud...
Comenzaba
a configurarse y se hacía tangible una sola expectativa formulada como pregunta
de la incertidumbre en el arte: ¿se podrá sostener, en México, un taller
teatral que sea libre e independiente lo mismo del Estado que de cualquier otro
organismo público o privado? Las respuestas llegaron con el viento de ese
febrero loco: —Eso no dura tres meses... —Se lo regaló el Presidente como
premio a lo del 68... —Es un canalla, ese inmueble estaba destinado para casa
de cuna de los pobres... —Su voracidad no tiene límites y atenta contra la
salud pública...
Como
primera reacción desalentadora, Cadac obtuvo del medio la renovada antropofagia
que ha acompañado fatalmente la carrera de su fundador.
Pero
a 17 años de distancia de esa fecha, el tiempo y los hechos transcurridos se
vuelven presente indicador al inaugurar Cadac
—el 28 de febrero de 1992— una nueva instalación, en el muy noble e
histórico Barrio de El Alto, centro cordial motoliniano de la tantas veces
heroica Ciudad de Puebla. 1975-1992.
A
los 13 años de establecido Cadac*Coyoacán, 1985, se construyó Cadac*Atlixco en
el solar natal de su fundador. Con el Cadac*Atlixco, el dramaturgo cerraba un
ciclo iniciado en su propia infancia tras de un improvisado teatrino de
títeres. Los coterráneos comentaron entonces, ante el desconcierto de ver
levantarse un teatro en los Solares Chicos de ese prodigioso lugar: —¿Cómo es posible
que venga a construir un teatro en este lugar. —¿Por qué no lo hizo en el mero
centro? –Tú no entiendes, a lo mejor es para otra cosa (o casa), lo que va a
funcionar aquí... — Dicen que ahí cultiva la mota con la que se inspira y de su
trafique saca la tantísima lana que tiene... —Yo lo conocí de árabe
despatriado... —Viene a enajenar a sus coterráneos con sus payasadas...
—Cuidado, está trayendo a muchos comunistas...
Instalado
con la emoción del reencuentro con la tierra natal, el Cadac*Atlixco fue
posible merced a la conquista primera del mercado internacional, a través de la
adquisición de los derechos de traducción al francés y al alemán de la obra
Olímpica. Se planeó el Cadac*Atlixco como un lugar de recaptura de lo cultural
atliscense, fuente primaria de la que bebió el dramaturgo autor de tantas obras
en las que Atlixco vibra como un punto de la patria merecedor de destinos
superiores. Su funcionamiento es mediante coloquios estacionales, a los que
asisten muchedumbre de jóvenes junto con aquellos coterráneos dispuestos a
entablar el diálogo con el autor, sin equívocos, suspicacias ni inseguridades.
1988.
*Cadac-Coyoacán participó de la crisis generalizada y estuvo a punto de cerrar
sus puertas, de no ser por el Gobierno de Guerrero que le encarga la
organización de las Jornadas Alarconianas. Eso le permite a Cadac proseguir sus
actividades, así como conocer al gobernador Ruiz Massieu y proponerle el
establecimiento del Cadac*Taxco, el que llegaría a inaugurarse en mayo de 1989,
como dependencia y propiedad del Instituto Guerrerense de Cultura. Aquí, los
desplazamientos localistas no tardaron en llegar: —¿Por qué un poblano viene a
organizar este festival? —¿Qué no hay algún guerrense que pueda hacerlo? —Me
plagió el título, eso de jornadas es mío... —Es un corrupto, un dramaturgo
corrupto..., se ha venido a enriquecer... Quedó escrito.
En
1992 —y ante una propuesta de colaboración que se sumó a la parvada—, se
presenta Cadac*Puebla de un íntimo deseo de hacer teatro en ese punto
motoliniano y zaragozino del estado natal. Aún sin inaugurarse, dos que tres
poblanadas de rigor (sic) nutren mi curriculum de por sí escuálido de besos...
: —¡Qué bueno que te está ayudando tanto el gobierno. — No cabe duda, tú si te
sabes acomodar... —No me digas que tú has hecho todo esto dedicándote al
teatro... —Ese doctorado, ya sabes a quién se lo debes...
Y la pluma corre sin asomo de rubor, siempre
excenta de compasión así como de resentimiento, pues el Cadac*Puebla se acoge
al abrigo y al amparo de sus hermanos mayores fortalecidos en el afecto de
tanta y tanta gente nueva que, desde el principio, creyó en Cadac. +
Para
saber más de la situación actual de los CADAC, checa la entrevista que al respecto
se le hizo a Carlos Azar el 22 de mayo de 2015.
http://culturacolectiva.com/40-anos-del-centro-de-arte-dramatico-c-entrevista-carlos-azar/

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