domingo, 15 de mayo de 2016

CADAC*PUEBLA



Arturo:

Héctor Azar conocía las descalificaciones de las que fue objeto con la creación de cada CADAC. Las citó también en un breve artículo que aquí te comparto, con el fin de que conozcas por él mismo las dificultades que vivió con la fundación de estos espacios en México, promotores de la actividad teatral y forjadores de artistas reconocidos.

Este artículo, fechado el 2 de febrero de 1992, está hecho en máquina de escribir.

Aquí el artículo:




CADAC*PUEBLA

por: HÉCTOR AZAR


Volver a decir Cadac sin caer en el lugar común de la emoción compartida; contener la fuerza de su palindroma —Cadac— y dejar al nombre propio pendiente lo mismo de una nube que reposando en la infinitud de un escenario siempre lleno de gente joven.

El 2 de febrero de 1975 se pronunció Cadac en voz alta por primera vez: en el aula Ángel María Garibay que da al patio Rosario Castellanos de Cadac*Coyoacán, su primer aposento, restaurada la sórdida ruina refugio de pícaros y malandrines coyohuaques que tenían asolado el rumbo. Ese día, su fundador atropelló un breve discurso rodeado de María del Carmen Millán, de Gloria Bravo Ahuja, de Catalina Sierra, Amalia Hernández, Manolo Fábregas, López Mancera, Sergio Bustamante, Carlos Ancira, Eloísa Gottdiener, María del Carmen Farías, Martha Ofelia Galindo, Selma Beraud...

Comenzaba a configurarse y se hacía tangible una sola expectativa formulada como pregunta de la incertidumbre en el arte: ¿se podrá sostener, en México, un taller teatral que sea libre e independiente lo mismo del Estado que de cualquier otro organismo público o privado? Las respuestas llegaron con el viento de ese febrero loco: —Eso no dura tres meses... —Se lo regaló el Presidente como premio a lo del 68... —Es un canalla, ese inmueble estaba destinado para casa de cuna de los pobres... —Su voracidad no tiene límites y atenta contra la salud pública...

Como primera reacción desalentadora, Cadac obtuvo del medio la renovada antropofagia que ha acompañado fatalmente la carrera de su fundador.

Pero a 17 años de distancia de esa fecha, el tiempo y los hechos transcurridos se vuelven presente indicador al inaugurar Cadac  —el 28 de febrero de 1992— una nueva instalación, en el muy noble e histórico Barrio de El Alto, centro cordial motoliniano de la tantas veces heroica Ciudad de Puebla. 1975-1992.

A los 13 años de establecido Cadac*Coyoacán, 1985, se construyó Cadac*Atlixco en el solar natal de su fundador. Con el Cadac*Atlixco, el dramaturgo cerraba un ciclo iniciado en su propia infancia tras de un improvisado teatrino de títeres. Los coterráneos comentaron entonces, ante el desconcierto de ver levantarse un teatro en los Solares Chicos de ese prodigioso lugar: —¿Cómo es posible que venga a construir un teatro en este lugar. —¿Por qué no lo hizo en el mero centro? –Tú no entiendes, a lo mejor es para otra cosa (o casa), lo que va a funcionar aquí... — Dicen que ahí cultiva la mota con la que se inspira y de su trafique saca la tantísima lana que tiene... —Yo lo conocí de árabe despatriado... —Viene a enajenar a sus coterráneos con sus payasadas... —Cuidado, está trayendo a muchos comunistas...

Instalado con la emoción del reencuentro con la tierra natal, el Cadac*Atlixco fue posible merced a la conquista primera del mercado internacional, a través de la adquisición de los derechos de traducción al francés y al alemán de la obra Olímpica. Se planeó el Cadac*Atlixco como un lugar de recaptura de lo cultural atliscense, fuente primaria de la que bebió el dramaturgo autor de tantas obras en las que Atlixco vibra como un punto de la patria merecedor de destinos superiores. Su funcionamiento es mediante coloquios estacionales, a los que asisten muchedumbre de jóvenes junto con aquellos coterráneos dispuestos a entablar el diálogo con el autor, sin equívocos, suspicacias ni inseguridades.

1988. *Cadac-Coyoacán participó de la crisis generalizada y estuvo a punto de cerrar sus puertas, de no ser por el Gobierno de Guerrero que le encarga la organización de las Jornadas Alarconianas. Eso le permite a Cadac proseguir sus actividades, así como conocer al gobernador Ruiz Massieu y proponerle el establecimiento del Cadac*Taxco, el que llegaría a inaugurarse en mayo de 1989, como dependencia y propiedad del Instituto Guerrerense de Cultura. Aquí, los desplazamientos localistas no tardaron en llegar: —¿Por qué un poblano viene a organizar este festival? —¿Qué no hay algún guerrense que pueda hacerlo? —Me plagió el título, eso de jornadas es mío... —Es un corrupto, un dramaturgo corrupto..., se ha venido a enriquecer... Quedó escrito.

En 1992 —y ante una propuesta de colaboración que se sumó a la parvada—, se presenta Cadac*Puebla de un íntimo deseo de hacer teatro en ese punto motoliniano y zaragozino del estado natal. Aún sin inaugurarse, dos que tres poblanadas de rigor (sic) nutren mi curriculum de por sí escuálido de besos... : —¡Qué bueno que te está ayudando tanto el gobierno. — No cabe duda, tú si te sabes acomodar... —No me digas que tú has hecho todo esto dedicándote al teatro... —Ese doctorado, ya sabes a quién se lo debes...

Y la pluma corre sin asomo de rubor, siempre excenta de compasión así como de resentimiento, pues el Cadac*Puebla se acoge al abrigo y al amparo de sus hermanos mayores fortalecidos en el afecto de tanta y tanta gente nueva que, desde el principio, creyó en Cadac. +


Para saber más de la situación actual de los CADAC, checa la entrevista que al respecto se le hizo a Carlos Azar el 22 de mayo de 2015.

http://culturacolectiva.com/40-anos-del-centro-de-arte-dramatico-c-entrevista-carlos-azar/

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