domingo, 30 de agosto de 2015

Richard Gibbons


Arturo:

Para mi amigo José Martín López Yáñez, psicólogo, la puesta en escena de las danzas del Atlixcayotl está llena de elementos semánticamente interpretables, si se habla de la parte de representaciones formales, aclara.

Es difícil entender cómo ve el festival al que considera fenómeno semiológico y estructural por la cantidad de sistemas de signos de una parte importante de la sociedad que en él se expresan.

Richard Gibbons
Yo le digo que ya es un espacio preexistente a las formas de expresión de la sociedad en su necesidad de tener clara su identidad.

En fin, los investigadores sociales, como puedes ver, comienzan a diversificar puntos de vista técnicos sobre la Gran Fiesta.

A José Martín lo encontré en estos días en la ciudad de Puebla y lo primero que me preguntó fue sobre los criterios empleados para intervenir la plazuela de la danza del cerro de San Miguel y quedar como la tenemos ahora.

No pude decirle mucho, pero sí le conté lo que voy a contarte en esta ocasión porque mi amigo psicólogo pensaba que el cemento estaba considerado desde su diseño constructivo.

Debes saber que la que tenemos ya no es la explanada original y su ampliación se hizo sin seguir los criterios originales.

El 9 de marzo de 2004, en la casa de Adriana Lino, presidenta del primer comité organizador del festival Telpoch Ilhuitl, fundadores y amigos de Atlixcayotl celebraron los cincuenta años de la llegada de Cayuqui a tierras mexicanas.

Ese día estuvieron “solo quienes sienten la gran fiesta”, dijo Cayuqui.

Josefina Larrañaga y Eloísa Muñoz
Entre los invitados estaba Richard Gibbons, a quien pregunté su opinión sobre lo que es hoy la plazuela del cerro de San Miguel, y sin más me contestó: “Es una transgresión a la naturaleza”.

Me explicó a grandes rasgos por qué, pero no le pregunté más para no entrar al complicado tema de las técnicas topográficas y demás, y creo se percató de esto porque en otro momento del convivio se me acercó para hacer más clara la explicación que me había dado.

Richard hizo cóncava la mano y luego la extendió a lo largo, subiéndola despacio con inclinación para dar la forma de una media taza cuyo borde se desvanece en el cuerpo superior del cerro. Me dijo que ese es el diseño natural de ese tipo de teatros en todo el mundo. “Eso lo sabían los griegos y los egipcios”, refirió.

—¿Cuándo fue la última vez que viste la explanada, Richard?

—Ayer.

—¿Y qué opinas?

—No está en condiciones porque hoy tiene la forma de una olla con bancos en forma de escalera que impiden que la mayor cantidad de gente pueda ver sin problema los espectáculos que ahí se presentan, y eso no sucedía antes.
En la misa que dedicaron a Cayuqui

¿Antes?

Tras cinco años de trabajo en el periódico The News, en la ciudad de México, Richard Gibbons volvió a su natal Seattle, en Washington con motivo de la muerte de su padre. Sin embargo regresó en 1965 para establecerse con familiares de su esposa Gela, desde donde Richard comenzó a buscar un lugar en el que pudiera escribir, que fuera barato y con buen clima. Lo buscó durante un mes, y aunque nadie le habló de él, por fin lo encontró en Atlixquito.

Richard es escritor y en ese entonces escribió un libro de cuentos de la Sierra Norte que tituló “Tejocote”, publicado por Editorial Novaro. También escribió diversos artículos sobre el Atlixcayotl tanto para el Time como para todos los periódicos nacionales mexicanos, lo que trajo a la fiesta por primera vez a gente de las ciudades de México y Puebla.

Y es que Richard sugiere que toda la promoción del Atlixcayotl debe estar dirigida a gente profesionista del país, principalmente del Distrito Federal, Puebla y Cuernavaca, entre otros, y no a los “gringos”, pues se trata de mostrarnos con Atlixcayotl y no exhibirnos.

Los fundadores en la misa
Fue en el capítulo de la comida cuando nos servimos de las tradicionales cazuelas que tuvieron atrapadas en la cocina a Rita Soberanes y a Ofelia Méndez Quero, madrina esta última de Cayuqui, de casamiento por lo civil.

Antes, Juana Martínez González, de Axocopan, había entregado a Cayuqui el Xochitl Topill (Bastón de Mando) y el padre Martín de Porres, de la iglesia de San Francisco había celebrado la misa en la que todos pidieron por Cayuqui, quien por su parte cerró los ojos con fuerza para agradecer a Dios haber pisado estas tierras y pedirle poder seguir permaneciendo en ellas.

Cayuqui, Richard Gibbons y Rafael Cake
Pero Richard y yo estábamos en la entrevista. Él permanecía sentado en la silla con cierto señorío. Mantenía cruzada la pierna y las manos, que frecuentemente se juntaban para entrelazar los dedos, armonizaban los movimientos con sus palabras. Las finas facciones de su rostro expresaban menos que sus ojos. Su bigote delgado no lograba ocultar una ligera cicatriz en el labio superior. Todo su pelo es blanco. Es alto y delgado.

Richard recordó cuando vivió en Atlixquito, en la 3 Norte 805, donde Enrique Cabrera (qpd) puso después y durante muchos años su estación de radio, la XEXD. Por cierto, Enrique también estuvo en el convivio.

Me contó que su vida y la de su esposa Gela era aburrida en Atlixquito. No tenían contacto con nadie, salvo con sus dos hijos. Pero comenzaron a oír que “pasaban cosas allá arriba”, en el cerro de San Miguel y fueron a ver. Ahí conocieron a Cayuqui quien con otras personas trabajaba en lo que fuera la construcción inicial de la plazuela de la danza y se pusieron a trabajar con él.

Ofelia Méndez Quero y Rita Soberanes, en la cocina.
Richard pensó que esta actividad le vendría bien porque “no es bueno para nadie estar sentado frente a una máquina de escribir toda la semana”.

Necesitaba hacer ejercicio y se aplicó en idear las gradas que permitieron en el pasado el mejor acomodo de la gente. Sus conocimientos de topografía y minería lo llevaron a encabezar los trabajos de la explanada, a la que consideró se le debe recuperar en su forma original, es decir, “si hemos destruido lo que hizo la naturaleza, vamos a tener que regresarlo a la naturaleza”.

Este es el tema central que nos aclara la participación de Richard Gibbons y su esposa Gela, pero de esto habla en otro momento de la fiesta, en la fuente del jardín, donde nos concentramos algunos invitados y fundadores para disfrutar del optimismo de Richard:

—Yo le digo a Cayuqui que puedo, con tres cajas de dinamita y un taladro, rehacer todo bonito.

—Cayuqui hace hincapié en que ustedes diseñaron la explanada original sin tener que dinamitar —le dije.

—Sí, no necesitábamos nada, pero ahora si se necesita dinamita —se ríe y conspira—: Y sería tan agradable el trabajo de retirar todo ese cemento... —ríe otra vez.

Encontrarse con los fundadores de Atlixcayotl emocionó al diseñador de la explanada original:

—Es tan lindo volver a verlos, porque dieron tanto... Era un esfuerzo tremendo de todos.

—¿Cayuqui es tu amigo? –le pregunté.

—Sí —contestó rápido.

—¿Qué opinas de él?

—Es una persona que ha dado toda su vida a un concepto, y a veces tiene problemas con otras gentes porque su visión de ese concepto es muy clara. Cayuqui está viendo una cosa cuando la gente ve otra y eso es un problema para él. Pero es un don para el mundo porque tiene un concepto muy claro de lo que hay que hacer.

No pudo evitar hablar de los momentos difíciles que los fundadores vivieron, principalmente por la negativa que los líderes mostraron con el nacimiento de Atlixcayotl.

—Una vez estaba trabajando en la explanada y me dispararon dos veces, pero esto a mi no me asustaba porque había tenido mi experiencia en la guerra de Corea —expresó con firmeza y agregó con suspicacia que gracias al cacicazgo Atlixquito descansó durante cincuenta años porque nunca pasó nada. Se refirió seguramente a que nunca hubo desarrollo. Así entendí su malévola sonrisa.

—Richard, ¿cuántos hijos tienes?

—Cuatro. Aquí llegué con dos y regresé con tres. Aquí nació uno.

—¿Cómo se llama?

—Jhonny. Lo bautizó el padre Eugenio Maurer.

—¿Y dónde está?

—Él es gerente de una empresa de refacciones para barcos pequeños.

—¿Ha venido a Atlixco?

—Sí, él sabía de Cayuqui, y cuando vino y lo conoció se asombró porque creía que Cayuqui era japonés. Por el nombre.

Arturo, en realidad esta parte de la explanada del cerro de San Miguel, para completar la historia de Atlixcayotl que tanto te he mencionado, requiere de una entrevista más reposada, porque esto que te platico lo fui conociendo de Richard Gibbons en medio de los fundadores que hacían que todo fuera de un lado a otro, porque ese día fue de alegría para ellos por estar con el creador de Atlixcayotl, a quien disfrutaron porque ven en él una especie de motivo de vida.

Cayuqui por su parte cerró el día diciéndome que toda esta atención lo hacía sentirse como si no fuera él. Le pareció demasiado y yo le repetí lo que le he dicho en otras ocasiones: Es la gente que te quiere y no está en tus manos evitarlo. +

lunes, 3 de agosto de 2015

Gutierre Tibón y Cayuqui

Arturo:

La pregunta no deja de llegar: ¿Por qué te hablo tanto de Cayuqui?

Debo decirte en primer lugar que la importancia de Cayuqui está en el valor de su trabajo respecto de la preservación del pueblo indígena y que, si le pones atención permanente, nada que a las etnias del mundo les suceda te asaltará con la incomprensión de la desgarradora lucha que mantienen, pareciera, dos mundos diferentes.




Pero ese trabajo suyo que, te repito, debe ser vigente en nuestra atención e interés, tiene sus cimientos en una ardua labor de rescate, no de las costumbres y tradiciones indígenas, que es lo que a final de cuentas nos pone enfrente para conocerlo, sino de la confianza ganada de personas maltratadas por siglos que aceptan hablarle de sus actividades más esenciales una vez lograda su conformación como comunidad y definido su trabajo. Y esa confianza no sólo se la ha ganado en Puebla, sino en otros lugares del país, confianza que al más erudito de la cultura le ha arrancado la admiración.

Y de eso precisamente quiero hablarte.

En el Xumilme  Ilhuitl (Fiesta de Jumiles) que se realiza en Taxco de Alarcón (Guerrero), una vez Cayuqui presentó una danza formada por un grupo de ancianas cuya ejecución dejó impresionado a Gutierre Tibón. Decirlo así suena sencillo, por lo que te pido atención y paciencia mientras hablamos un poco respecto de quién fue este impresionado personaje.

Gutierre Tibón nació en Milán, Italia, en 1905, pero escogió a México como su patria. En Granada, España se develó un monumento suyo por ser “vástago de los tibonidas de Granada, familia de sabios de vanguardia, médicos y traductores en los siglos XII, XIII y XIV”. El monumento es muestra, testimonio del orgullo de quienes viven en Granada porque todavía un descendiente de los tibonidas granadinos hacía aportaciones a la cultura universal.

Desde 1937, su obra tuvo por objetivo principal estudiar y difundir lo que México significa para el mundo. Era un octagenario cuyo amor por este país nació por el gran internacionalista Isidro Fabela. Era filólogo, historiador, antropólogo, sociólogo, teólogo, periodista, poeta y, retomando a Fernando Mota Martínez, por consiguiente “escritor infatigable, conferenciante ameno, charlista original, investigador acucioso y mexicanista por convicción.”

Tibón, a lo largo de cuarenta años preparó más de cuarenta libros y las fichas necesarias para dar a la estampa el Diccionario Etimológico Comparado de los Apelinos Españoles, Hispanoamericanos y Filipinos. Fue despojado de los derechos que le corresponden por haber fundado la Enciclopedia de México.

Pero recibió del gobierno mexicano el Aguila Azteca, la máxima condecoración que le otorga a un extranjero y después el Aguila de Tlatelolco. Miguel De la Madrid le entregó el primer Alfonso Reyes y en 1946 se le concedió el doctorado Honoris Causa de la universidad michoacana. En 1988 fue nombrado cronista de la ciudad de México.

En su libro México en Europa y África relata la exhumación de Francisco Javier Clavijero cuyos restos, gracias a los tibones, Gutierre y su hermano Carleto están ahora en la Rotonda de los Hombres Ilustres. Antes que Tibón en el siglo pasado, el padre Cuevas, José María Lafragua y Agustín A. Franco fracasaron en la empresa de la exhumación.

En su casa de Cuernavaca se llegaron a hospedar personajes de la talla de Andrés Henestrosa, Jacques Soustelle y, entre otros, Gertrude Duby Blom, extranjeros que “aman a México como millones de mexicanos no lo aman”.

A muy grandes rasgos es lo que te puedo referir de Gutierre Tibón para darte una idea de la magnitud del también autor de las Aventuras en México, obra que alcanzó su octava edición y que contiene una extensa descripción sobre la participación del grupo de ancianas danzantes del que te hablé en el Xumilme Ilhuitl.

Gutierre Tibón se sintió tan impresionado de esa fiesta que el 12 de noviembre de 1990 mandó una carta a Cayuqui que dice así:

Muy querido Cayuqui:

Mi revista local ha reimpreso la descripción del Humilme ILHUITL de mis Aventuras en México, libro que ha alcanzado la octava edición. Le mando el recorte porque el éxito del inolvidable e irrepetible espectáculo se debe a usted, sólo a usted. Le saluda afectuosamente y espero volver a verle en Cuernavaca.

Gutierre Tibón

Ahora bien, esta descripción de Gutierre Tibón en su libro Aventuras de México fue reproducida en 1990 en su revista local de Cuernavaca. En ella refiere:
                                
“¿Cómo pudo Cayuqui, el que durante tres meses buscó en todo Guerrero a grupos de danzas desconocidos, convencer a tantas ancianas de presentarse a bailar en público? Sea lo que fuera lo logró; nunca vi en mi vida, a un número tan grande de mujeres de edad avanzada bailando para solaz de la gente. Gordas o no todas tenían una extraordinaria gracia para moverse. Una abuelita de pelo blanco, con un sentido de equilibrio fuera de lo común, daba vueltas y vueltas manteniendo una botella de mezcal sobre su cabeza. Otras dos ancianas escoltaban a un joven montado en un caballo de palo que de vez en cuando trataba de huir y meterse entre el público.”

Como puedes ver, Arturo, Cayuqui no sólo es Atlixcayotl y hay más de una razón por la cual admirar lo que hace. +