Arturo:
En febrero de 1999, en su
discurso de inauguración de la Primera Semana Nacional de Salud, el presidente
municipal soltó una promesa que pareció temeraria:
—¡Prometo que al terminar
este trienio no habrá rabia en Atlixco!
Juan Cuautle se le acercó al
final del evento, y con preocupación le hizo una pregunta, quizá con cierta
severidad, e inmediatamente después le dimensionó el problema:
—¿Se dio cuenta de lo que
prometió? En Atlixco la rabia es una enfermedad que lleva siglos.
Estadísticamente se presentan de 15 a 20 casos cada año y cada dos años hay un
caso en humanos, y Atlixco, por los casos que presenta, es el primer lugar en
rabia canina a nivel nacional.
—Sí —se limitó a contestar
el presidente, y agregó—: Ahí se lo encargo.
El
impacto de la enfermedad
Arturo, la rabia es la
zoonosis viral de mayor importancia en México, y es considerada la séptima
enfermedad infecciosa global más importante con 55 mil personas que mueren en
el mundo por su causa, siendo que el 40% de los infectados son niños.
Pero también es una de las
17 enfermedades seleccionadas por la Asamblea Mundial de la Organización
Mundial de la Salud (OMS), que pueden alcanzar su eliminación para la Región de
las Américas como parte de las metas de Desarrollo del Milenio en este 2015.
De
los antecedentes
La domesticación de perros
hace más de 12 mil años, y hace 8 mil que se registran evidencias del perro en
Mesoamérica. En 1519 los españoles trajeron los primeros perros a México cuya
sobrepoblación provocó que en 1581 se comenzara a buscar reducirla con multas a
los dueños y con el sacrificio porque las agresiones habían provocado ya de
manera importante la muerte de personas.
En 1709 se registró la
primera epizootia de rabia en los perros callejeros de la ciudad de México y
otras ciudades vecinas como Puebla, afectando también al ganado y a los
humanos. Para entonces el perro callejero se había convertido en un problema de
salud pública, destacando su número excesivo en su convivencia con la comunidad,
y por ser un riesgo potencial de transmisión de la rabia.
A partir de ese año, y hasta
1950, en México se tomaron disposiciones importantes:
lLos
perros serán matados “por decencia pública y comodidad del vecindario”, y habrá
multas de 2 a 25 pesos, o días de prisión para quien saque perros sin correa a
la calle (Bando de la Ciudad de México, 1841).
lQue
“el propietario pague un peso mensual por cada perro que tenga, con penas de
pérdida o muerte del animal por incumplimiento” (Decreto promulgado en el gobierno
del General Antonio López de Santa Ana, en 1853).
lElaboración
de la vacuna y el tratamiento antirrábico para personas agredidas (Consejo
Superior de Salubridad, 1900).
lSe
previene que la rabia animal era una enfermedad de aviso obligatorio para médicos
veterinarios y dueños de animales (Departamento de Salubridad Pública, 1924).
lSe
obliga a los propietarios de perros a registrarlos en el Instituto Antirrábico
y a proporcionar la vacunación canina general antirrábica (Decreto
Presidencial, 1925).
lPrimer
reglamento sobre posesión de perros en el D.F., en 1926, indicando la
obligación de vacunarlos.
lNuevo
Decreto Presidencial en 1932, que señala la aplicación gratuita de la vacuna
antirrábica canina general.
lPrimer
reglamento del control de la rabia, en 1938, cancela la vacunación canina
general por ser “onerosa, impráctica, no eficaz e inofensiva”. El producto
usado hacía que “animales sin estar rabiosos, transmitan rabia”. Se proponía
embozalar a los perros que salían a la calle; cuarentenar a los agresores y
vacunar a personas y perros mordidos en circunstancias especiales en que
estuviera indicado; se promovía la responsabilidad de los dueños sobre los
perros y el control del perro callejero mediante razias y sacrificio, y
lReglamento
de la Campaña Antirrábica, en 1950, que incluía un apartado sobre tratamiento
de personas agredidas.
Sin embargo, la Secretaría
de Salud reporta que “en la aplicación de estas disposiciones, el resultado
observado fue poco alentador, pues se continuaron registrando casos de rabia en
personas. En el periodo del 1939 a 1969, los certificados de defunción suman
1,785 casos, que consideran 31 entidades, excepto Quintana Roo.
Arturo, cuando vez que las
acciones aplicadas en Atlixquito a partir del año 2000 son poco distintas a las
que se aplicaron en México de 1841 a 1950, te preguntas ¿por qué en Atlixquito
arrojaron buenos resultados y en aquel largo periodo no? ¿Qué hizo Juan Cuautle
en Atlixquito que no se hizo a lo largo de ese periodo que abarca más de 150
años?
Manos
a la obra
Juan Cuautle se dio a la
tarea de hacer cumplir el compromiso del presidente municipal de terminar con
la enfermedad de la rabia en este Atlixquito que se colocaba en el primer lugar
a nivel nacional en casos de rabia en perros y en consecuencia con casos de
rabia en humanos, situación que había tenido en este municipio a la Universidad
de Atlanta durante dos años haciendo estudios para conocer el problema de la
rabia rural en México.
De inicio salió a vacunar
perros una vez por semana en todas las colonias, y a pesar de esto ese año se
tuvieron 12 casos de rabia en perros y se estuvo a punto de tener un caso de
rabia en humano.
Esto lo hizo reconocer que
“no es lo mismo querer hacer las cosas, que tener los conocimientos para
hacerlas”. Buscó entonces la asesoría de Amapola Medina y de Enrique López
Gómez, epidemióloga y director del Centro de Salud, respectivamente.
“Ellos me ayudaron a hacer
el diagnóstico de salud del municipio y me metí a hacer un diplomado avalado
por la Organización Panamericana de la Salud en la UPAEP sobre Salud Municipal
para el Desarrollo”.
Fue en ese diplomado donde
Juan Cuautle elaboró el proyecto para el control de la rabia en el municipio de
Atlixquito, y lo llamó “Todos contra la rabia”.
Una
estructura integral
Exacto. Esto fue el secreto.
Juan Cuautle aprovechó muy bien que se desenvolvía en un escenario de nuevo
gobierno local en el que las instituciones, la participación social y la
división política del municipio estaban llamadas de manera más específica en
las tareas de bien común.
El nombre del proyecto
“Todos contra la rabia” lo decía con claridad, de tal manera que se comenzó
aplicar con el apoyo de la Coordinación Estatal de Zoonosis, que llevaba Juan
Manuel Balderas, asignando al proyecto un veterinario y un promotor de salud
para vacunación intensiva. La Jurisdicción Sanitaria No. 5 (a la que pertenece
Atlixquito) y el Centro de Salud aportaron la vacuna antirrábica y el material
para aplicarla. La ONG Fundación Antonio Hagenbeck y de la Lama aportó dos
cirujanos veterinarios, material y medicamentos para la esterilización de
perros y gatos y capacitación quirúrgica para los veterinarios que quisieran
participar en el proyecto. El Ayuntamiento por su parte participó con una
perrera para captura y sacrificio de perros, vigilancia epidemiológica y la
elaboración y difusión de un reglamento municipal sobre tenencia responsable de
perros y gatos.
Al proyecto se incluyeron
todas las auxiliares de casas de salud, los presidentes auxiliares e
inspectores de colonia, proporcionando voluntarios para capacitarse en la
aplicación de la vacuna antirrábica canina.
El proyecto de Juan Cuautle
contaba con cuatro estrategias, acciones para cada una, tiempo de duración para
cada acción y persona o institución responsable de las acciones.
Con esta estructura bien
organizada, se logró vacunar en el año 2000 a 38 mil perros y gatos, se
sacrificó a un promedio de 400 perros por mes, se esterilizó a 800 perros y
gatos, se mandaron 200 cerebros de perros para su análisis al laboratorio de
salud pública y se difundió el reglamento sobre tenencia responsable de perros
y gatos en todas las comunidades donde había casa de salud.
En ese año se tuvieron 6
casos de rabia en perros, todos de principio de año al mes de marzo, y a partir
de esa fecha se siguió con la vigilancia epidemiológica mensual, y se empezaron
a contar los días sin rabia en el municipio.
Los
nervios
Juan Cuautle me lo cuenta
así:
“El año 2001 lo iniciamos
sin ningún caso. Esperábamos con ansia el 6 de marzo, fecha en que se cumpliría
un año de haberse presentado el último caso. Las acciones y estrategias se
seguían implementando en forma intensiva desde la oficina de salud municipal, a
la que llamábamos nuestro cuarto de guerra. El tiempo transcurría lento y
deseaba que llegara ya el 6 de marzo para poder escribir en mi informe mensual
que por primera vez en la historia de la salud publica de Atlixco no se tenía
ningún caso de rabia”.
“Faltaba una semana para el
6 de marzo y sentía una extraña sensación, parecida a cuando eres niño y estás
esperando la llegada de los reyes magos. Y cuando la tensión aumentaba me llegó
una llamada telefónica. Era el veterinario Rubén López Hidalgo, quien me dijo:
Doctor, me acaban de traer al consultorio un perro enfermo y parece tener los
síntomas de rabia, vente para que lo veas. Fui a su consultorio y encontré a un
perro metido en una jaula, triste y babeando. Lo pusimos en observación. Si se
muere, le dije, hay que sacar el cerebro y mandarlo analizar al laboratorio
estatal de salud pública”.
“Cuatro días después me
volvió a llamar. ¿Qué crees?, me dijo, el perro ya está bien, le dimos
medicamentos y se curó; lo que tenía era parvovirus”.
“Después de tres días llegó
la fecha esperada, y un año después, en 2002, seguíamos sin tener casos de
rabia, pero también se había acabado el trienio”.
Juan Cuautle lo había
logrado, y el presidente municipal pudo reportar que la vergüenza de ser los
primeros en casos de rabia había terminado.
Un
comentario
Arturo, en la administración
de Manuel Vargas, el regidor de Salud, Simón García Castro estaba en mi oficina
y comenzamos a dimensionar el logro de romper la cadena de transmisión de la
rabia.
—¿Entonces puedes ver lo que
hizo Juan Cuautle?, me preguntó.
—Por supuesto, Simón —le
aseguré—. Estoy convencido de su trabajo. Muchas de sus acciones me
impresionaron, una de ellas, que haya logrado un padrón de perros en el
municipio y que levantó casa por casa. Y más convencido estuve cuando otras
acciones comenzaron arrojar datos duros. Por ejemplo, de 2000 a 2002, con la
esterilización que se hizo se evitó el nacimiento de 9 mil 972 perros,
considerando que cada uno tiene 6 crías por camada dos veces al año. Esto
representa un ahorro de 3 años de trabajo de la perrera municipal y el ahorro
al sector salud de más de 10 mil dosis de vacuna antirrábica. O sea que con los
perros sacrificados, más los que no nacieron por la esterilización, dieron un
ahorro de cerca de 20 mil dosis de vacuna y se evitó que alrededor de 8
toneladas diarias de excremento contaminaran el medio ambiente. Además,
reglamentar la tenencia para un manejo responsable de los perros, fue la mejor
alternativa para desaparecer la impresión de crueldad que nos da el sacrificio,
que en esos dos años fue de 4 mil 687 perros.
—¿Entonces cómo ves? ¿A poco no sería bueno
darle a Juan Cuautle la Medalla Joaquín Rea?
—Por supuesto, pero si lo
propones te van a decir que no.
—¿Por qué?
—Porque se le ve como a un
colaborador de la administración y en estos gobiernos, como en los anteriores,
nadie debe brillar tanto como el presidente.
Arturo, termino con una
frase que Juan Cuautle mencionó al término de su exposición en la 8ª. Reunión
Nacional Contra la Rabia, llevada a cabo en Atlixquito con la presencia de la
Organización Panamericana de la Salud, haciendo alusión a los perros con dueño
que agredían más de una vez:
“...porque un perro
reincidente, es un perro delincuente”. +





