miércoles, 1 de octubre de 2014

El Temachtiani Eulalio y la Conquista de México


Por: HÉCTOR ESTRADA CASAS

C
ada danza del Atlixcayotl tiene una historia de rescate hecha por Cayuqui. Así que déjame contarte ahora la de “Los Doce Pares de Francia”, que en algún momento fue sustituida por “La Conquista de México”, con el fin de hacer presentaciones en foros nacionales.

Alguna vez Cayuqui convenció al maestro Eulalio García y a sus moros y cristianos para que participaran en el Atlixcayotl.

La danza-drama de Los Doce Pares de Francia era un juego de moros escenificado por humildes actores campesinos y en la que Cayuqui ejecutaba el papel del Rey Clarión, un viejo moro reacio, adverso a las enseñanzas del cristianismo que trataban de meterle a puro machetazo.

Vestuario y ensayos

Cayuqui había comprado con entusiasmo los materiales para confeccionar su indumentaria, compuesta de una nahuilla de tiras de diversos colores, orlada en la parte inferior por un fleco de seda dorada; un corpiño de terciopelo morado, adornado con la faz del Dios Sol; una corona de hojalata encalada a fuego en colores amarillo, rojo y verde, cortada en tres tiras sobrepuestas y rematadas en un esferita y en la media luna musulmana; un machete, un par de medias rojas con rayas amarillas y negras y un par de botines amarillos. Pendiente de la parte posterior de la corona, una mascada de charnet verde bandera bordada y, en una esquina, una rosa marisada en tonos carmesí.

Los movimientos y el manejo del machete no fueron problema para Cayuqui, no así la memorización de los parlamentos, pues en la ejecución de éstos constantemente el maestro Eulalio lo auxiliaba con el sobado cuaderno de Los Doce Pares de Francia.

Aunque los demás moros y cristianos atravesaban por el mismo problema, a Cayuqui le apenaba sobremanera no poder memorizar los cuartetos que aun estando en rima le era difícil recordar cuál iba primero y cuál después.

“Todos eran –recuerda— una sarta de injurias en contra de mis enemigos los cristianos, y se parecían por lo tanto a los insultos rimados que me lanzaban a la vez”.

El maestro

El Temachtiani Eulalio García González era un anciano enjutado por la edad. Su carácter bondadoso iba acorde con el cuidado cariñoso que daba a los cuadernos antiguos de Relación que le habían encomendado sus antepasados.

Don Eulalio estaba dedicado por completo a la preservación y representación de varios moros y cristianos, entre ellos Los Doce Pares de Francia, sin duda la más ambiciosa en cuanto a producción, así como El Reto de Gonzalo y El Gran Cerán, entre otros.

La imagen de Don Eulalio que Cayuqui no olvida, es la de su figura extenuada, arropada con camisa de manta y pantalones de mezclilla, asomando siempre la cinta de los calzones de manta, con sombrero de lona blanca u otro que tenía de palma.

“Siempre lo recordaré así —dice—, con el cuaderno frente a la cara, sus lentes redondos de aros metálicos y recitando los versos de sus danzas con voz alta y delgada”.

Don Eulalio era oriundo de Tochimilco, centro de difusión de este complejo morisco de la danza-drama mexicana. Vivía en una casa modesta de la colonia Guadalupe Victoria de la ciudad de Atlixquito, junto con su esposa, hijos y nietos. Desde ahí regenteaba a un ejército de moros y cristianos que vivían  dispersos en otras colonias y pueblos cercanos.

Estos moros y cristianos acudían a los compromisos adquiridos por Don Eulalio. Participaban en las festividades religiosas que se celebraban en honor a los santos titulares de la región.

Nunca hubo un ensayo; cada quien por su cuenta se dedicaba a memorizar su papel y se aprendían los pasos de la danza y el manejo de los machetes, observando a los demás y practicando entre ellos.

El compromiso de participación era de tres años, pero muchos representaban el mismo papel  durante la totalidad de su existencia.

Nadie cobraba su actuación, de la misma manera que el maestro Eulalio no recibía remuneración alguna por sus enseñanzas. La única recompensa era saber que se había servido al santo Patrón y al Dios Supremo.

Otros bailaban por el gusto de andar en el jolgorio, recibiendo los obsequios: refrescos, pulque y comida ofrecida por los mayordomos.

El Temachtiani Eulalio García nunca impartió clases formales, pero sí compartió amplios conocimientos de su peculiar filosofía cosechada a través de argumentos de su repertorio de danzas y moros.

Era evidente que asociaba a los cristianos con el conquistador español y a los moros con los indígenas vencidos y se sentía atraído por la causa de los moros, poniéndolos al parejo de los mexicanos subyugados.

La Conquista de México

Un día, Don Eulalio mostró a Cayuqui el texto de diálogos de una de sus danzas que dejó de ser presentada durante lustros, aún antes del estallido de la Revolución de 1919. Tenía el título de “La Conquista de México” y era propiedad de su tatarabuelo Nicolás García.

Otro texto fechado en 1820, hizo comprender a Cayuqui que más que una danza de la Conquista se trataba de un verdadero drama de reconquista, pues los villanos de la obra eran conquistadores españoles, cosa inusitada en las danzas de los moros y cristianos.

El texto de esta danza-drama tuvo un pasado turbulento. Había pasado de manos del tatarabuelo Nicolás García al abuelo Juan Guillermo García, y de él pasó a manos de los tíos para que finalmente lo recibiera el padre de Don Eulalio.

En la Revolución de 1910 a 1920, durante el saqueo al pueblo de Tochimilco, el cuaderno original, junto con otros objetos de valor de la familia García, fue enterrado en el traspatio del solar familiar. El hoyo fue cubierto con un zarape y una capa más o menos gruesa de tierra. Sin embargo éste fue hallado por el bando contrario que se llevó los objetos, dejando el cuaderno expuesto a la lluvia y el sol por varios días. Don Eulalio se dio entonces a la tarea de restaurarlo, copiando nuevamente los textos, de los cuales algunos ya no eran legibles.

Don Eulalio hizo otra copia manuscrita para Cayuqui, quien devoraba el texto golosamente, y mientras más estudiaba, más apreciaba su valor histórico, pues reflejaba el espíritu de una nación recién salida de la dominación extranjera, después —hasta entonces— de tres siglos de aflicciones.

Cayuqui cuestionaba a Don Eulalio sobre cómo era montada antiguamente la obra, dónde y por qué no se continuó su presentación. Él respondía escasamente que “un párroco había prohibido una presentación durante las celebraciones del 3 de mayo en su pueblo natal”.

Los diálogos de este drama le parecieron a Cayuqui mucho más vitales que los textos de Los Doce Pares de Francia, más que El Reto de Gonzalo o los pasajes de El Gran Cerán. Su mensaje llegaba más cerca del corazón que el de aquellos, pues la trama trataba los padecimientos de la querida patria.

Cayuqui, pues, trató de convencer al maestro Eulalio para sustituir a Los Doce Pares de Francia por la Conquista de México y por lo tanto comenzaron una conversación que a Cayuqui le proporcionó nueva información, pues la Conquista de México difería en gran medida con la marcha de moros.

En esta conversación, Don Eulalio explicaba que como no había música de viento utilizaba para esa obra el teponachtli al golpe del tambor.

Cayuqui no logró montar la Conquista de México con los muchachos que bailaban los moros, sin embargo, tiempo después, al formar un grupo de danza regional en Atlixquito, logró escenificar solo una parte de esta obra porque el grupo desapareció.

Cuando Cayuqui se instaló en el Departamento de Investigación de Teatro Indígena que fundó en la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca, en junio de 1977, pudo interesar a los alumnos sobre esta danza-drama y Don Eulalio viajó a Oaxaca para explicar los pormenores de la Conquista de México. Pero este grupo de universitarios también desapareció y parecía que la obra estaba condenada a no representarse, sin embargo el montaje de la obra se logró con la adaptación que hizo César Pérez Soto, director de la Compañía del Centro de Experimentación Teatral del Instituto Nacional de Bellas Artes, quien auxilió a Cayuqui en el momento en el que le mostró los textos.

La Conquista

César Pérez Soto visitó Atlixco y pasó un buen rato con Don Eulalio y Cayuqui. Los tres viajaron a Tochimilco y a Santa María Yancuitlalpan, donde César tomó algunos elementos para montar la obra. Desgraciadamente Don Eulalio murió y ya no la vio.

Cayuqui cree que quizá a Don Eulalio no le hubiera gustado el montaje de César, pues faltaban los golpes de machete. El título fue abreviado y la obra se llamó “La Conquista” y tuvo un preestreno en la Muestra Nacional de Teatro Indígena Viviente, organizada por la universidad oaxaqueña.

Posteriormente pasó un periodo más o menos  largo de ensayos continuos en la ciudad de México antes de instalarla en el teatro del Galeón de la unidad del Bosque de Chapultepec, donde tuvo una temporada ininterrumpida de cien presentaciones.

En el programa de mano se dio crédito a Don Eulalio como coautor de La Conquista y a su tatarabuelo.

Cayuqui guarda hoy día la placa conmemorativa que fue entregada con motivo de las cien presentaciones de una obra que en una parte de su versión original dice:


Mi pensamiento camina,
rodeado estoy del terror,
voy perdiendo la partida,
maldito sea el español.
Ya mi gente sucumbió,
yo ya perdí la esperanza,
que el caracol toque la reunión.
Oh, Cuauhtemoc,
¿qué te pasa?;
que venga mi batallón,
que venga a gozar de la holganza. +

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